







Hay experiencias que realmente hacen que uno se plantee que mal vivimos en la ciudad. El comienzo de nuestras vacaciones en La Pedrera nos costo. Uno quiere todo ya, que lo atiendan ya, que le resuelvan el problema ya, conseguir todo en el súper YA!!!! Y tuvimos que adaptarnos al ritmo relajado (para nosotros leeeeento) de la gente de aquellos lares. Al segundo día, me saque mi reloj (algo que aprendí allá por los 90 cuando nos pasábamos semanas recorriendo las montañas, lo recomiendo), lo guarde y nunca mas supe que hora era. Cuando había hambre comíamos, cuando había sueño dormíamos y punto. Dejamos de correr por 15 días, lo cual honestamente no alcanza pero es lo que hay.
También experimentamos la amabilidad de la gente del lugar. De TODA la gente. Gente con vidas sencillas, quizás hasta aburridas, que seguro tampoco tenían reloj porque si el locutorio abría a las 10, en realidad era a las 11 menos cuarto, la panadería nunca se sabia cuando abría o ni si abría (ltodo esto para HORROR de algunos turistas Europeos). Todo era así pero al final no era TAN grave (estando de vacaciones obviamente). Lo increíble era que todo era una sonrisa, un “le ayudo”, un “buenos dias” caminando por la calle principal desierta a la mañana temprano al cruzarse con “la” persona que pasaba.
Y me hizo acordar a cuando yo era chica y mis veranos en el Uruguay. El Uruguayo es así en general. Otra cosa. Si vas a un restauran te atienden bien, te sirven lo que te dicen que te van a servir y en cantidad razonable, si compras algo te atienden bien, si te perdes, te acompañan en bici hasta que te ubican hacia el lugar adonde queres ir, si vas a cruzar la calle, frenan. ¿Que cosa no? Que dolorosamente diferente de estos pagos (me refiero a Buenos Aires, aledaños y centros de turismo, en nuestras provincias también se vive otra cosa) Que mal vivimos.
La Pedrera es simple, nada es ostentoso, no hay edificios (y espero que nunca los halla) Hay dos playas: El Desplayado y Del Barco. La primera es enorme, ancha, con una arena finita y de color muy claro que parece harina. Visualmente muy linda pero el único defecto es que te enharinas todo quieras o no. Por suerte, al subir el médano para irse hay una ducha pública y un cambiador. Entrar al mar y lograr algo de profundidad implica caminar y caminar, recontra pasar la rompiente y quizás ahí, te de por arriba de la cintura. El mar es generalmente manso, pero cuando esta medio correntoso, agarrate!
Del Barco es LA playa a nivel belleza. Salvaje, llena de cortaderas, con arena gruesa en la cual caminar es todo un ejercicio (otra que el escalador del gimnasio) El mar es imponente y la mayoría de las veces esta bastante enojado. Ni bien pisas el agua caes dos metros a pique y no te quedes en el bordecito porque no la contas. Hay que saltar y nadar entre las olas. Es bravo pero precioso. Los surfers, de parabienes. Se llama Del Barco porque enterrado en la orilla hay un pedazo enorme de un atunero Chino que encallo ahí en 1977. No hay que bañarse cerca del barco. Un día de marea baja descubrimos por que. Hay hierros enormes clavados en la arena que en la mayoría de los días el mar tapa. Da como miedito verlos e imaginarse que una ola te tire contra ellos.
A nivel comer afuera, recomendables Olinda y su tabla de pescados, Comipaso, adonde te cocinan lo que quieras, riquísimo y no tan caro, y lo de Don Romulo, pizza exquisita y ambiente muy sencillo pero acogedor. El resto, estaba cerrado asi que no sabemos.
Y hay perros. Muuuuuchos perros. Por todos lados! Lo cuales, como era de esperarse, trabaron gran amistad conmigo (o yo con ellos supongo) Son todos simpatiquísimos, payasos como pocos y súper, pero súper insistentes. Y… hay que ganarse el pan, literalmente. Muchos tienen dueños y muchos no. Los que no se alimentan de cosas que les dan los turistas, esperan sentaditos como señores educados en la puerta de los restaurantes a la medianoche esperando las sobras, comen pescados medio podridos en la playa y bastante seguido dan cuenta de los lobos marinos que salen a morir al Desplayado. Una pena ver a los lobos salir lastimados o enfermos y pasar dias hasta que mueren pero la cadena alimenticia funciona. Sino los perros estarían en el horrrrno todo el invierno porque no queda ni el loro. Cuando nos volvimos ahí quedaron “la Gorda”, obsesiva buscadora de todo lo que uno le tire al mar, “Amigo”, mi favorito, comedor de absolutamente todo lo que saques de una bolsita, Flacu, cariñoso como pocos, “Malo”, que en realidad no lo es, es solo muy peleon, “Pila” (la gran mayoría tiene mezcla con el Pila Brasilero), “Bizcocho”, un adorable cachorro de 7 meses de la artesana que hace cerámica en el pueblo y tantos mas. Para estar abandonados, la pasan bastante mejor que los abandonados en la ciudad.
También hicimos paseos: el famoso Chuy que cuando yo era chiquita era un conjunto de caseríos deprimentes que vendían todo barato y ahora es una mega avenida horrible llena de negocios, desde el todo por dos pesos pedorro hasta el megastore que vende todo importado. Por el cambio no se puede comprar un pomo igual; la fortaleza de Santa Teresa, ahora reformada, de la cual tenemos las fotos que saco mi papa en 1968 y ahora las nuestras; Punta del Diablo, muy pintoresca pero no se si iría a pasar unas vacaciones, demasiado folklórico para mi; Punta del Este, que era una deuda con mi infancia y adolescencia y que salvo por la Punta, que era adonde alquilábamos, La Barra y José Ignacio, se ha convertido en un horrible monstruo. Perdón a los que la adoran como esta ahora pero me pareció un bodrio con esos mega edificios onda Miami y en el medio el esperpento que es el Conrad. A algunos les parecerá glamoroso, a mi me pareció horrible. El puerto esta lindo y la península sigue teniendo esa belleza natural imborrable pero no iría de vacaciones pagando fortunas hasta para tomar un café en un bar pedorro. Que la disfrute Moria a quien nos cruzamos caminando entre un sequito de…tipos? (la verdad, dudamos) todos super top con sus bolsitos Prada y sus camperitas cortas con cuello peludito que deben salir un huevo. En fin… Ya se que si uno quiere, se puede mantener al margen de todo eso y Punta es Punta pero.. hoy por hoy… no nos da el bolsillo señores, es para otro target. Al mediodia comimos en un restauran super cool que tiene unos arcos dorados a la entrada. Nos negamos a pagar fortunas por un chivito cuando en casa nos salen mucho mas ricos. Ya se que es tradición pero vamos, gente, son un par de bifecitos de cuadril vuelta y vuelta, no jodamos!
Por insistencia de mi marido a la vuelta nos metimos en un pueblito llamado Garzon. CRI CRI… CRI CRI… Es que nosotros miramos programas de cocina y a veces enganchamos a Francis Malmann. Nos quedamos viéndolo no por lo que cocina, porque en su programa te hace huevos con tomate (bue!), tortilla (guauuuuuuu!!!!) o verduras a la parrilla envueltas en papel metálico (aplausos Francis!!! Dejate de joder) y escribe boludeces que a el le parecen re profundas en un diario o algo así, sino por los lugares divinos adonde lo hace y porque nos dan un placer así como morboso las taradeces que dice entre huevo y huevo. ¿Que tiene esto que ver? A veces el querido Francis cocina en las calles de Garzon. Es como si yo agarrara una olla y me pusiera a cocinar en una calle cualquiera de, digamos, Pila, Provincia de Buenos Aires. Aca la pifio con el tema lugares lindos pero queda re original cocinar papas en el medio de una calle de pueblo. Es el toque telúrico de Francis, che! Resumiendo, no vayan a Garzon. No hay nada. La laguna si es linda y por ahí se lo encuentran a Francis en su carpita y les convida unos huevos revueltos. Nosotros si que hacemos turismo fashion!
Y bueno, así entre viajecitos, mucha playa, mar, caminatas y cabalgatas pasamos nuestros 15 días en Uruguay cargando pilas para el año y en particular, para los acontecimientos médicos que se avecinan. Una semanita mas y hubiera sido 100 por 100 perfecto!
Asi que, si quieren ir a un pequeño pedazo de paraíso no tan lejos de acá, vayan a La Pedrera. Vale la pena. Les dejo un par de fotitos más.